Erróneamente se ha creído que ser siempre el número uno es ser siempre el mejor. No coincido con esta afirmación. Y no lo creo porque la historia así lo ha comprobado, ya sea en la literatura o en la política o en cualquier otra disciplina, las alianzas entre dos personas o más, con un objetivo común, por encima de los egos, pueden llegar hacer muy exitosas sin que en efecto el orden de los factores altere el producto.
Para la muestra, la historia está llena de ejemplos: en el fútbol principalmente, el gol en el arco contrario sin excepción es antecedido por el pase de un jugador que supo pasar el balón a tiempo, en la literatura, qué hubiera sido del Quijote de la Mancha sin la narración de Sancho, o de la presidencia de Bill Clinton sin el apoyo oportuno de su esposa Hillary, de Cristobal Colón sin el apoyo de la Reina, incluso de Perón sin Evita. Todos y cada uno de ellos entendieron su rol en la historia y la importancia de ser un buen dos para poder ser el número uno. O sin ir tan lejos en la reciente historia política de Colombia, ¿qué hubiera sido del ex presidente Ernesto Samper sin su fiel escudero y Ministro del Interior Horacio Serpa?
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En la actual coyuntura de nuestros países, sumada a la “encrucijada del alma“ del presidente Uribe, nos hemos presentado un grupo de candidatos dignos de hacer parte de este ramillete presidencial, y en verdad lo somos... Somos tan “dignos“ que -para decirlo en términos precolombinos-, tenemos pretensiones de mucho cacique y poco indio. Se nos olvida que a veces en la vida para llegar a ser el número uno, es necesario primero ser un buen dos. Y es que a tan solo cinco meses de votarse las próximas elecciones presidenciales en Colombia, es tal la incertidumbre por un posible tercer mandato del presidente Uribe, que en el afán de sucederlo alcanzamos a tener en la linea de partida por la presidencia a 21 candidatos. Hoy, por fortuna, el número se ha reducido considerablemente, pero sigue siendo alto.
La aspiración por ser el número uno nos está convirtiendo en líderes de cartón electoral, preferimos cabalgar solos en la carrera por la presidencia que antes unirnos, hacer alianzas y presentarle al país un inmejorable equipo de gobierno porque no soportamos la idea de que otro lidere la consecución de la meta, aunque tengamos un fin común. Preferimos perderlo todo antes que ser un buen dos.
Lincoln decía que casi todas las personas podían o pueden soportar la adversidad, pero que sí realmente queríamos medir la verdadera grandeza de los hombres, les diéramos poder. Yo creo que no hace falta esperar a llegar al poder para demostrar la grandeza que nos une y de la cual estamos hechos, la grandeza de nuestros intereses para aspirar como candidatos a la presidencia y liderar por encima de nuestro propio ego los destinos de nuestros países. Sabemos bien que las carencias de uno pueden ser las fortalezas de otro y viceversa.
Ya no es uno sino dos retos los que enfrentamos en los meses venideros: El primero, llegar a la presidencia de la república. Y el segundo, asumir nuestro papel en la historia de Colombia y entender que para hacer gol, alguien tiene primero que hacer el pase.
Yo me despido de mi candidatura, más no de mi aspiración de llegar a la Presidencia .
Muchas gracias,
* Soy una candidata a la presidencia de Colombia que se despide de su candidatura en busca de una alianza estratégica para llegar a la presidencia.
** Tarea para la clase de Discurso del Máster en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho. Madrid, España. 2009- 2010
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sábado, septiembre 4
"¿Cómo la oratoria puede ponerse al servicio del Bien Común en la sociedad global?" *
Estos no son los tiempos del Coronel Aureliano Buendía en Cien años de soledad, allí donde “el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” Este es, por el contrario, el tiempo de decir las cosas como son. No basta con señalarlas, hay que hablar.
Este es el tiempo de recuperar el valor de la palabra y de exigir de quienes nos gobiernan, cuentas claras: ¿Cuál será el escándalo de mañana?, ¿Cuál será el adjetivo qué reemplace el titular de hoy?, ¿En qué quedó la investigación que iniciaría el gobierno de turno para castigar a los responsables?, estos no son definitivamente tiempos para callar.
Es probable que como a Demóstenes nos atropellen las palabras para decir las cosas como son y, si flanqueamos, que la firmeza de nuestras ideas se sobreponga a la impotencia de nuestra voz. Hoy queremos reivindicar el valor de la palabra.
Estos no son tiempos para callar, ni nosotros los protagonistas de un poema de Neruda "donde parece que un beso nos cerrara la boca". Nuestro yugo es el silencio. Y si ayer intentaron callarnos con dictaduras, exilios, bombas, amenazas, falsas imputaciones e incluso con atentados contra nuestra propia vida, hoy no nos tembrará la voz para hablar. Nosotros somos la voz de quienes no tienen voz. La voz de los cientos y miles de personas que dieron su vida como consecuencia del silencio de otros, de nuestros propios silencios.
¿La oratoria una herramienta para el servicio del bien común? No. De las herramientas se prescinde, pero nuestra voz no debe faltar nunca. El mundo no está sordo, lo que ocurre es que en efecto la gente sólo oye lo que quiere oir y ve lo que quiere ver. Hablemos, sí. Pero elijamos muy bien el espacio y el tiempo de cada una de nuestras palabras.
Sobre la retórica ya se han escrito cientos de libros, pero de lo que pensamos y sentimos no. Palabras sí, pero con un lenguaje distinto.
Dicen los spicoanalistas que uno no puede hablar sino de lo que lleva adentro, entonces hablemos con el corazón. Así tal vez la historia no se repita y seamos nosotros la generación que cambie la guerra por un buen acuerdo, la generación que cambie las balas por las ideas, la indiferencia por una palabra dicha a tiempo.
Estos no son tiempos para callar. Probablemente, como en la tradición católica, sólo baste una palabra para salvarnos.
Señoras y señores, el mundo nos está oyendo. ¿tenemos algo que decir?
Muchas gracias,
*Discurso para la clase de oratoria
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